18 dic. 2009

El olor de la noche me recuerda un poco lo que eres en verdad. Siempre he buscado por todos los sitios posibles esa mirada que me aliente a continuar este largo recorrido que es la vida, mas no la encuentro por ningún sitio, te has ido, has escapado de un final, triste o alegre pero siempre final.

No le encuentro una posible solución a todo esto, la he buscado por medio de las drogas, el alcohol, la literatura, la música, y entre otras cosas con resultados desalentadores. He intentado ponerme piripi para ver borrosos, para dejar todo a una suerte inexistente en la cual logre ver esa mirada tuya encajada en los ojos de alguien más, qué triste es la vida sin ti.

En ciertos momentos intento de imaginar escenas de mi vida en las cuales no hayas participado, me esfuerzo en hacerlo, busco en lo más recóndito de mi memoria, en aquellos pensamientos infantiles, en las fiestas familiares, en el brindis con los amigos, y nada… siempre estás ahí con tu cara iluminada por tu sonrisa, tus labios haciendo un pequeño corte para dejar ver los dientes, tus suaves y cálidas manos siempre en alguna parte de mi cuerpo, tus ojos, tus bellos y magníficos ojos con la mirada serena, tierna, bella, tan tuya, tan mía, siempre estas presente.

Qué puedo hacer en este instante de soledad, qué puedo hacer en este instante de soledad, busco una respuesta, ayúdame a encontrarla, la necesito tanto porque si no podría desfallecer en cualquier momento, mi vida volvería a ese rumbo trágico de antes, se encaminaría a la gran perdición de la que me sacaste. Cómo desearía verte otra vez, encore un fois, outra vez, altra volta, preciso de ti minha menina de olhos belos, quisera ter outra vida, outra oportunidade, julgo que não te perderia outra vez.

No sé lo que hice mal, imaginé que así era la vida con una relación amorosa, lo supuse al menos, gracias a toda las historias devoradas por los ojos, todos los cuentos de amor, por todo eso que los demás escriben haciéndonos creer en amor objetivo, en el amor como mapa del mundo, exacto, preciso. Todas esas historias corrían dentro de mí y las creía todas ciertas, nunca dude de ellas, las utilicé como manual de amor, coitadinho de mim, tan tonto, tan idiota, el gran idiota que deja pasar el amor entre sus manos para que resbale y toque el suelo donde desaparece, donde se evapora con los rayos solares.

Los recuerdos en este escrito no son necesarios, el lector intuirá todas los momentos vividos junto a ti, no necesita eso de las remembranzas porque todos hemos pasado por el mismo suplicio, todos somos los actores de una misma película, nos sabemos de memoria los guiones, algunos los repiten una y otra vez sin cansancio en búsqueda de ese verdadero amor, son como Hänsel und Gretel en busca de las migajas de pan para tornar a casa, así somos todos, la necesidad de regresar a casa o de formar una casa o de llegar a una casa o de llegar a la cama, da igual, da igual toda esta palabrería porque tú lector lo conoces muy bien.

Después de dos años he aprendido a manejar mi vida sin ti, a conducir con una venda tapando mis ojos, haciendo más difícil este camino, soy el piloto ciego, amor pasado, amor presente, amor tú, no distingo entre la felicidad y la tristeza, porque un ciego no distingue, siempre está en obscuridad, vive en obscuridad y no por eso deja de vivir, así soy yo en estos días, vivo por el deber de hacerlo, no por el querer, ya que eso te lo has llevado sin despedirte, sin darme la cara para besarla por última vez, sin ver esos maravillosos senos, ah que senos tuyos mi amor, casi como tu ojos. Te llevaste todo sin un motivo, eres como el tiempo, vas de aquí para allá, de atrás hacia delante sin un objetivo claro, eres tan libre y yo tan torpe.

Anteriormente mencioné tu semejanza con el olor de la noche y con eso mismo deseo terminar, explicaré el porqué para ti y para el lector: la noche es predecible hasta cierto punto, sabemos a qué hora llega, sabemos cómo se comporta, sabemos lo que debemos hacer en ella, pero el olor, el olor depende del lugar en donde te encuentres, puede ser un olor fresco, vivo, o, un olor a muerte, a smog, a penas, eso nunca lo sabemos a pesar de que hayamos tenido un día feliz, así eres tú, no sabía el objetivo tuyo y ni siquiera lo sé ahora, sé que estas ahí, que puedes penetrar a mi cuerpo generando un reacción como el olor de la noche, pero no te puedo predecir, no te puedo escoger, no puedo ni siquiera retenerte entre mis brazos, porque a pesar de que estabas siempre conmigo en algún momento del día, no tenía la seguridad de lo que serias en ese instante y yo, el gran idiota por intentar de predecir un futuro en base a manuales nada originales, dejé que te fueras lentamente, fui cerrando la ventana como todos lo hacemos por las noches para evitar alguna enfermedad, para evitar un sufrimiento en el futuro, predije erróneamente un final, lo diseñe a la perfección en mi cabeza, sin embargo, eras como el olor de la noche, existente pero impredecible.

3 oct. 2009

Hace tiempo Oliveira tocaba la boca de La Maga, la dibujaba con soberana libertad y ahora, después de algunos años, tú y yo, sin ser esos dos míticos personajes, estamos cara a cara. La vista nos presentó, el oído nos enamoró, el gusto nos unió, el olfato nos reconoció, así que nos falta probar el último sentido, qué pasaría si comienzo a desnudarte en este momento, piénsalo un poco…

Por qué pensarlo, mi vida, si lo podemos hacer, si puedo acercarme a ti lentamente, besarte, apretar nuestros labios, comprimirlos, sentir la cueva acuosa donde mora la bendita serpiente, la suavidad de tu lengua, la frescura de tu boca, para dar paso al recorrido de mis manos, al pequeño paseo por toda tu ciudad, por tu cuerpo.

Sentir el vestido que traes puesto, sentir el satín que cubre todas las cuervas de tu cuerpo, quitar esa malla poco a poco para dar paso al deleite de la carne contra la carne, tibia en ciertos sitios, fría en algunos otros y húmeda en otras partes. No hay necesidad de imaginar los montes cuasi redondos de tus pechos, ni la largura, la carretera infinita de suavidad que hay en tus piernas, no hay necesidad, mi vida, todo se puede hacer en este instante, cuando tu liso cabello choca en la almohada y mis labios van dando saltos por cada parte de tu territorio, saboreando y sintiendo la dureza de ciertos lugares y la suavidad de otros, las planicies de algunas tierras y la voluptuosidad de otras.

Eres todo un territorio, es México enclaustrado en un cuerpo, la diversidad se puede hallar en cada rincón tuyo y yo te siento temblar contra mí, como una luna en el agua, como lo sintió alguna vez Oliveria, porque tal vez yo si sea él y tu sí seas La Maga, porque todo es una reproducción infinita, es el instante mismo del amor, es ese acoplamiento entre dos cuerpos que llegan a ser uno, entre esas dos masas primeramente frías y temblorosas para luego transformarla en una sola tibia, caliente, no obstante, al final continua temblando con esos saltos espasmódicos, esos brincos de felicidad de un cuerpo empapado de sudor amoroso.

13 sept. 2009


Creo haber esperado demasiado para cambiar mi vida. Llevo diez meses viviendo al día, sin ningún plan, sin ninguna aspiración, sin alguna idea en mente. Mi vida se ha vuelto tan simple, tan común que me da asco la mayor parte del tiempo. Todos los días trato de olvidar este vacío saliendo a caminar, mejor dicho a observar lo que acontece fuera, observo a la gente, a los animales, todo lo que encuentre pero realmente nunca olvido nada, porque continúo estando, continúo pensando y por lo tanto continúo existiendo.


Muchas veces pienso en culpar a alguien por lo que me ocurre en estos días, aún sabiendo que el único responsable soy yo. Comienzo a interrogar mentalmente, por medio de recuerdos, a cada persona conocida, pasa Pedro, pasa Juan, pasa Santiago y los demás apóstoles, pero ninguno es culpable; de pronto llego a María, ay María, tal vez en ella es la única en la cual puedan recaer algunas culpas.


María me dejó hace ya algunos meses. La continúo frecuentando pero sólo como amigos, sin embargo, el tiempo en el cual nos enrolamos fue grandioso. No fue una relación común, nada de eso, rompió los límites de la decencia, los trituro, los escupió. Fue una relación interesante para aquellas mentes capaces de mandar al diablo la moral cristiana, las buenas costumbres y otras cosas de ese estilo.


A María la conocí en un cine. Ella iba con su novio y yo con mi novia. Nos vimos en la taquilla, bueno, la vi. Le clave la mirada como un torero introduce las banderillas en el lomo del toro. Luego de ese instante la encontré nuevamente pero ahora en la confitería, donde yo esperaba una decisión de mi acompañante (palomitas o nachos) y a la vez intercambiaba sonrisas con María, al parecer en ese sitio, en ese instante comenzábamos a conocernos. Ya en la sala, cuando la película estaba por terminar vi un cuerpo perfecto que se levantaba en la tercera fila, esa era ella, no podía ser otra, por lo cual me levanté rápidamente para seguirla y preguntar por lo que se pregunta en situaciones de ese estilo.


Bueno, para que continuar con lo que pasó después. Comenzamos a conocernos, dejamos a nuestras parejas e intentamos un mundo por nuestra cuenta. Ya estando juntos vimos las diferencias (grandes diferencias) entre nosotros; yo decía blanco, ella respondía negro; yo decía bien, ella respondía mal y a pesar de eso nos amábamos, éramos una pareja espectacular, única. Solamente entre esos polos existía un punto central, un suceso nos ligaba, la muerte de nuestro padre, su progenitor murió arrollado por el tren, el mío simplemente se suicido.


La relación no tenía límites, estaba marcada por los excesos de todo tipo, nunca sabíamos parar, las fronteras se vieron destruidas. Experimentábamos totalmente la vida, llegábamos a durar semanas enteras borrachos en las casas de los amigos o bien, rentábamos un cuarto de hotel para pasar días sin salir, sin comer, sin entablar plática con la sociedad, a la cual sólo observábamos por la ventana de aquel sucio y maloliente lugar.


Debido a la forma de vivir que teníamos, María dejó la escuela. Estudiaba psicología en la Universidad Nacional, era una buena estudiante, era inteligente, responsable, una excelente lectora pero de pronto fue perdiendo todo eso, cambió los libros por botellas, los bolígrafos por jeringas y la mochila por condones. Todo se transformaba, nuestra realidad se distorsionaba y a pesar de ello eran grandes momentos cuando estábamos juntos.


Duramos dos años. Al parecer se cansó de todo. Nuestro rompimiento fue una tregua ante la vida, ante su cuerpo y cuando viene a visitarme recordamos nuestras andanzas, enumerando entre carcajadas las anécdotas sorprendentes: como las veces en que se orino en los pantalones o las veces que golpee a un amigo y hasta las ocasiones en que fue al hospital para hacerse un legrado. Todo aquello quedaba en simples recuerdos que compartíamos con una cajetilla de cigarros y algún disco del buen Dizzy. Reíamos toda la noche hasta el amanecer, luego María se iba.


Y así fue todo, y así es todo. Ella continúa estudiando, yo continúo escribiendo. Ella recuperó la sonrisa con la cual la conocí mientras yo me siento incomodo con lo que me rodea, con este círculo, con esta maldita cinta de Moebio que trato de deshacer a diario por medio de ideas plasmadas en hojas, llámese cuento, llámese poesía o una simple carta, no obstante, he llegado a una posible conclusión después de contar todo esto: mi malestar se debe a mí y a la sociedad, el vacio podrá ser llenado cuando me integre nuevamente al mundo, como María lo hizo, tal vez podría funcionar, solamente dejaré que la tinta de este bolígrafo se acabe y enseguida pediré tregua.

8 sept. 2009

Vuela por el suelo del universo.
Se arrastra a través del manto negro,
Hasta que descubre una canica color azul
La ve, la admira
Y siente pena por no ser parte de ella

27 jul. 2009

Una pluma no ayuda a plasmar los sentimientos de una forma clara,
para eso necesitaríamos con nosotros a una dama
porque son las únicas traductoras del alma.

15 jul. 2009

Me ha costado tanto trabajo soportar este maldito sitio. Llevo encerrado casi dos semanas, con un poco de comida y un poco de agua (aunque no podría llamar a eso comida, ya que ni siquiera las ratas se lo comen). El frío me está matando, entra por todos los lado de la celda y por más que me cubra no puedo deshacerme de él por completo. Nunca pensé que el encierro fuera tan terrible, de haber sabido hubiese preferido declarar al momento del primer interrogatorio, pero no, no quise hacerlo fingiendo ser amigo de la causa, maldita sea la causa.

Mientras esa bola de patanes está tomando vino, comiendo pan y divirtiéndose por el supuesto triunfo, yo estoy encerrado en un cuartucho frio, soportando los golpes y humillaciones de los policías, ¿acaso eso es el triunfo?, triunfo para ellos, para el gordo de Hernández, amante de la lucha desde el escritorio de madera y la silla de piel, para él sí que es una victoria pero para el ciento de idiotas que estamos encarcelado no lo es y se lo podría preguntar a cualquiera de ellos, obteniendo la misma respuesta.

En las primeras horas de arresto estuve en pie de lucha, defendiendo nuestros supuestos ideales, creía en la demás gente, en todo el movimiento, sin embargo, ya son dos semanas las cuales estoy prisionero y tal vez el tiempo se alargue ya que escuché a un compañero decir que somos los mártires de la revolución, que nuestras vidas no valen casi nada comparadas con aquel triunfo. Después nos pondrán alguna imagen o una simple inscripción de nuestros nombres para recordándonos por la eternidad, todo eso es basura porque no están viviendo el tormento de nosotros, los victoriosos no tienen sangre en el rostro, ni las palmas quemadas, ni siquiera tienen un simple rasguño, que mierda es la ideología dada a las masas.

Todas las noches, los compañeros cantan para levantar el ánimo, me tienen hasta la coronilla con aquellos himnos al pendejismo, himnos que alaban la muerte de los hombres para el bienestar de otros tantos, no obstante, he llegado a creer que eso no sirve, que el hombre es un ser guerrero por naturaleza, o mejor dicho por un instinto, a la naturaleza no la metamos en nuestros problemas. Por más que se busque el bienestar de la raza humana nunca se podrá alcanzar, simplemente el exterminio total de cada uno de los seres sería la salvación o al menos de todos los parecidos a Hernández, de los políticos incapaces de ver la realidad, de los líderes corrompidos por el poder, en pocas palabras: la mierda de la sociedad.

El frío continúa trabajando y yo debo dejar de pensar en tanta basura, porque sino sólo lograré la perdida de la razón. Sé que hice mal al combatir a los gobernantes en turno sin antes conocer por completo a las personas con las cuales iba a lidiar. Tiramos a una sarta de simios y dejamos a otros igual, creo que la idiotez no sólo es para las clases dirigentes, todos nos vemos envueltos en ella, saltamos de un lado a otro, somos rojos, somos negros, hasta hemos llegado a ser grises pero eso no quita la estupidez en nosotros.
A mi parecer la única salida existente es la autogestión, pero se necesitan entes pensantes, VERDADERAMENTE PENSANTES, para poder lograrlo, mientras estamos aquí, pasando frio, hambre y un remordimiento terrible por ayudar a otros en vez de hacer algo por nosotros mismos.

12 jul. 2009

Detrás de todas las insolencias que he dicho
Detrás de todas las vidas que he dejado
Detrás de todos los besos que he dado
Continúas existiendo dentro de este bicho.

No te pierdes ni por un instante
Existes a cada momento
Tal vez sea porque no te dejo
Tal vez sea porque siempre te espero.

Y no me canso de esperar, paloma mía
Me siento a contemplar la luna,
Viendo las estrellas danzar por seis horas
Y el día en que ellas paren, tomaré mis cosas.

Si la pelota continua andando,
Tu regreso será inevitable
Pero si se para por un instante
El desoje será inevitable.

Qué más puedo decir, mi paloma
Para darte el verdadero mensaje
De mi amor eterno
Hacia toda tu persona.

Me parece que el silencio
Resumiría mis sentimientos
Entonces este enmudecimiento literario
Será mi último grito de amor desesperado
Madrid 25 de diciembre 1999

Eduardo:

Nunca pensé que volveríamos hablarnos. Realmente hiciste un espectáculo tremendo aquel día, no imaginaba que tú te hubieses puesto de esa forma, parecías perro, hombre, pero bueno lo mejor es que todo ya está superado.


El mail que recibiste fue culpa (extrayendo el sentido negativo de la palabra) del alcohol ya que ese día salí con una amigas a beber unas cervezas y como ya sabes no soy buena bebedora, el punto es que cuando llegué al departamento me sentía muy sola y tu eres (ERES, nada de pasado) la única persona capaz de hacerme compañía, necesitaba tus palabras, tus ironías, tu inteligencia, ese día las necesitaba, ahora ya no tanto, no tanto.


Cambiemos el tema un poco, dejemos los sentimentalismos para el final (¿crees que esta palabra, FINAL, la podamos ocupar en un sentido amplio algún día?). Hoy es veinticinco de diciembre, navidad, sí navidad y no estamos juntos. Acá hace un frio tremendo, de por si nunca me gustó el frio, sin embargo, pareciera calar más ahora, entra en mis huesos y se queda por largo tiempo. Los madrileños ya están acostumbrados, salen a la calle como si nada, con sus abrigos, bufandas y guantes y aunque salgo abrigada de la misma forma no soporto tanto tiempo estar fuera.


Sigamos con los cambios. Deseo tocar el punto final de tu carta. YA NO TIENES NADA MÁS QUE ESCRIBIR PARA MI, no se te ocurre otro tema de conversación. Vaya que me has sorprendido. Diez años juntos y me dices que no sabes de qué hablarme. Estás loco o simplemente juegas a estarlo. ¿Sabes? Me ofendí mucho por ese comentario, hubieras visto mi cara en aquel momento, toda roja por la rabia, no podía creer que el amor o ex amor (aun no sé cómo definirlo) de mi vida suelta esas palabras tan huecas, tan estupidez, tan comunes para las relaciones idiotas que tanto criticábamos, no para nosotros, lalo, no para nosotros, por la simple razón de ser nosotros.


Tenemos muchos temas de los cuales hablar. Qué te parece tu relación con Mónica o tu estado de ánimo después de mi partida o las frías mañanas que pasamos por no tenernos cerca. Esos sí que son temas de conversación, bien podríamos llenar hojas y hojas hablando de todo eso, pero no, tú me sales con tus muestras de indiferencia cuando sé la verdad. Estas aparentando, lalo, me extrañas, me amas pero no puedes aceptarlo por el maldito orgullo reinante en tu persona. Y te respondo la carta por lo mismo, porque yo siento lo mismo, la única diferencia es la aceptación que tengo, no me engaño y lo más conveniente sería el no engañarte a ti mismo.


Dejémonos de tonterías. Me despido, lalo. Cuídate mucho y me saludas a Martha y Josefina, les dices que las extraño muchísimo. En cuanto ti… haz lo posible para seguir adelante, también eres una persona capaz de cualquier cosa, espero seguir recibiendo más cartas…. Te mando una postal.

Con cariño:
Fernanda

1 jul. 2009

Ciudad de México, 21 de noviembre de 1999
Estimada Fernanda:

Hacía mucho tiempo que no sabía nada de ti, hasta que de pronto veo un mensaje en mi bandeja de entrada del correo electrónico y advierto un mensaje tuyo. No sabes cuánto me alegré, pensé que el olvido había llegado para mí.

Por lo visto Madrid te sienta muy bien, las clases en la facultad, las amistades que has hecho, la bella ciudad que ahora te envuelve, es un mundo maravilloso, pero siéndote sincero eso queda en segundo plano (al menos para mí), lo importante es el recordar a los que estamos aun en México.

Después del numerito que hice fuera de mi casa creí que nunca volverías hablarme (te pido una disculpa), no obstante, en aquel momento sentía perder una parte de mí, hubiese preferido perder una mano, un pie, qué se yo, me eras tan indispensable para salir adelante (suena horrible, patético mas, es la verdad) y ahora cuando estas a millones de kilómetros me percato de todas las capacidades que tengo para hacer mi propio camino (muchas gracias por ser mi maestra en esta vida).

No se me ocurre otro tema de conversación así que optaré por despedirme. Muchas suerte, te deseo mucha suerte en tu aventura europea, sé que no la necesitas eres brillante pero aun así te la deseo. Espero podamos escribirnos de esta forma ya que el internet se me hace… no tengo un adjetivo correcto, además con esta entrega postal podemos recuperar un poco el romanticismo de épocas pasada. Hasta pronto.

Eduardo

27 jun. 2009

Tengo muchas ganas de jugar, Marco. Tiene más de dos años que no toco un balón de futbol porque allá donde vivía el frio no dejaba siquiera salir a la calle y el departamento que habitaba era demasiado pequeño como para aventurarme a patear un balón.

Apuesto a que tú has jugado millones de partidos. Aquellas mal llamadas retas en la calle. Cuando todos los chicos de la colonia salen para encontrar un momento de diversión. Ya imagino al robusto de Pepe en la portería, al pelirrojo de Luis como delantero, gritando durante todo el partido porque no se le dan los buenos pases o al menos los toques magistrales esperados por él, que se cree dentro del Wembley. Ya me imagino.

Recuerdo los cálidos días de primavera, todos dispuestos a jugar, con nuestras playera de equipos extranjeros, ¡ah! Que bellos días aquellos, Marco. Los libros todavía no nos encontraban, hasta huíamos de ellos pero, míranos ahora, encerrados en una biblioteca, que diversión tan diferente.

El conocimiento nos come, Marco, nos devora poco a poco, comienza mordiéndonos las uñas y después de un rato estamos ya en su gran boca, sin ninguna posibilidad de salir. Yo digo que no es mala la vida que llevamos, o al menos la mía, a pesar de haber abandonado las viejas forma de diversión, pueden ser meros pretextos personales, solamente míos, ya que tú continuas jugando, Marco, tú sigues sintiendo el aire en el rostro al correr tras el balón, escuchando los gritos de los muchachos, tú sigues ahí y acá.

Algún día regresare para disputar otra partida, Marco. Nunca dudes de mi regreso. Saldré a la calle con mi playera del Newcastle, con mis tenis viejos y sucios y con los años, con estos años que tengo encima, Marco. Regresaré para hacer las jugadas típicas de nosotros, jugadas para esquivar la buena defensa del Pocho y anotar así un gol y gritarlo y abrazarnos y descubrir que algo del pasado aun está dentro de nosotros.
Más de tres sueños me costaron conocerte. Caminar entre las plazas, ver a las parejas enamoradas comiendo un helado, las calles empedradas de mi cabeza, un tumulto de gente indefinible pero la única nítida, la única persona vestida de color rojo y no gris, eras tú.

La noche era un ser anhelado por mi persona. La bóveda obscura solamente con destellos de luz, pequeños destellos que me recordaban la hermosura que estaba por venir. Salir a la azote para fumar un cigarrillo mientras sentía la gélida brisa de invierno, entre hermosa obscuridad que estaba a punto de desaparecer por la brillante luz que irradiabas en mi sueño.

Niña, hermosa pequeña. Te he conocido de la mejor forma, conocidos sin presentarse, en un arrebato de imágenes creadas por mí, por yo, por lo que sea que fuera. Ver tu delicada boca moverse, formando palabras con el hombre más fornido de mi imaginación. Tu mirada estrellada entre las líneas toscas de su rostro hasta que de pronto comenzabas a observar a tu alrededor, era una miradita de descubridora y me veías, me localizabas y no me dejabas ir aunque estuviera siempre sentado en la banca de piedra blanca, donde te esperaba.

Te acercabas sigilosamente, un fado describía tus movimientos de gata, sigilosa para que nadie te viera. No tenías nada que perder ya que yo era el organizador y confabulador de aquella historia, pero eso tú no lo sabías. Preguntabas mi nombre a pesar de que en la noche anterior ya te lo había dicho, yo contestaba sutilmente y con una sonrisa que tú no comprendías del todo. Hablábamos, hablábamos, hablábamos, la gente continuaba con su curso, nadie sabía que estábamos ahí, sólo tú y yo. Hasta que de pronto unos temblores me invadían, ya sabía el final de aquello, tú solamente observabas hasta el punto, hasta el último punto en el cual te despedías con un simple adiós.

Despertaba bruscamente, el día ya estaba aferrado a mi ventana, el débil sol de invierno me regresaba a mi triste realidad, triste porque tú no existías en él todavía. Me levantaba tan rutinariamente, buscando mis pantuflas azules para bajar a desayunar el café frio y el periódico aburrido, sin embargo, entre la lectura de asesinatos viles, entre políticos nefastos y descubrimientos de la ciencia insignificantes, estabas conmigo, te aferrabas a mi memoria, me gritabas desde la negrura de la literatura periodística, yo te escuchaba, hasta te veía ahora en esos grises de la hoja por la simple razón de que eras tú.

Para precisar los números con aquello de los sueños puedo decir que cinco fueron, cinco viajes dentro de mi consciencia para conocerte, cinco noches esperadas con ansia de vicioso porque en la sexta noche te conocí verdaderamente, mientras caminaba en la obscuridad de la calle, con un paso veloz para llegar a casa y recostarme para verte, pero mi sorpresa fue tremenda al verte sentada platicando con un hombre fornido ahora de la realidad. Parecía ser una plática de novios, de amantes recientes porque no prestabas mucha atención a las palabras creadas por el chico de grandes musculoso ya que volteaste sigilosamente, tiernamente como en mi sueño para posar tú hermosa mirada en mi congelado rostro. Te sonreí, me sonreíste… la fantasía estaba a punto de ser realidad.

7 may. 2009

Las sirenas de una ambulancia se podían escuchar a lo lejos de la casa, el triste sonido del blues invadía la habitación y él estaba recostado sobre el sillón verde, único recuerdo de su madre que había fallecido hace ya dos años. La lluvia se pegaba a los vidrios de la ventana y a pesar de tantos sonidos lograba escuchar la lluvia fuera, nunca había estado tan solo. El único compañero era el cigarrillo que sostenía en su mano y esos ruidos tan normales en la ciudad.

Temía dormir temprano, no sabía el porqué de tanto miedo. El día había sido bastante placentero hasta que salió de su trabajo y justamente cuando iba de regreso al hogar por ir distraído cambiándole de estación a la radio atropelló a un perro que se atravesó en la avenida. Era un hombre atento al volante, nunca le había pasado esto, nunca se había distraído tanto como para perder de vista el camino, como para no ver a un animal que cruzaba la calle y él que tanto amaba a los animales. Trataba de justificar su miedo dándole un concepto de luto por aquella muerte, a eso atribuía su malestar.

Lo mejor era dormir lo más pronto posible, no esperaba visitas, no esperaba llamadas, no tenía trabajo que finalizar en casa, lo mejor era descansar. De pronto la puerta sonó, un fuerte golpe lo hizo levantarse y preguntarse quién era el sujeto que lo iba a molestar a tan altas horas de la noche, tal vez podría ser su vecina, siempre lo molestaba por una taza de café o por un cigarrillo, pretextos para poder platicar con él. Se encaminó hacia la puerta, la abrió y se percató de que nadie estaba frente a él, se asomó hacia los lados, tal vez un chiquillo estuviera haciendo una maldad pero no vio a nadie, su miedo creció o mejor dicho apareció.

Regresó al sillón y se recostó nuevamente, solamente deseaba terminar el cigarrillo que estaba a la mitad y escuchar See see rider interpretada por Helen Humes. Miraba el humo que se deshacía en el aire y las mil figuras que podía crear con él. A la mitad de la canción la puerta volvió a sonar, justamente antes de la última fumada que le quedaba al pitillo, enojado se apresuró hacia la puerta, estaba harto de su vecina y de los niños de la colonia, aunque pensó que a estas horas lo niños deberían estar dormidos, se quedó detrás de la puerta y preguntó quién era, nadie le respondió, así que tuvo que abrirla nuevamente y vio una silueta de un hombre a lo lejos, por lo cual desde su posición le preguntó que si no había visto quién había tocado, el hombre no respondió pero comenzó a caminar hacia él.

Los pasos sigilosos del extraño bajo la leve lluvia preocupaban más al hombre parado en la entrada de la casa. La canción había terminado y sólo quedaba el silencio póstumo a las voces del siglo pasado, silencio que se rompía con cada pisada del extraño, con cada paso que rompía con el agua del pavimento, con cada respiro del hombre que observaba estupefacto el lento caminar de un simple extraño. De pronto el habitante de la casa se apresuraba a cerrar la puerta y esperaba pacientemente lo que viniera después, esperaba un toquido nuevo o simplemente una voz pero nada aparecía, el miedo lo tenía hecho trizas ya ni siquiera recordaba al pobre animal aplastado en el asfalto, deseaba dormir o cualquier otra cosa que lo alejara del momento que vivía.

Aun recargado en la puerta escuchó algunos ruidos que venían de la sala, donde se encontraba el sillón verde, sonidos de pasos que rondaban dentro de su hogar, rápidamente y sin pensarlo dos veces dejándose guiar por el temor que le corría por las venas se dirigió al sitio de donde provenían, ya ahí se dio cuenta de que un hombre estaba mirando por la ventana, no podía verle el rostro solamente una ancha espalda lo saludaba, no podía explicarse la presencia de este hombre en ese lugar. Cuidadosamente caminó hacia él y estando a unos cuantos metros le preguntó su identidad y lo que buscaba, sin embargo, no obtuvo ninguna respuesta mas bien el extraño con un movimiento leve giró la cabeza para ver quién lo interrogaba, qué sensación, qué desesperación sintió el curioso al ver que la cara del tipo estaba destrozada, con sangre escurriéndole del rostro y manchando su hermoso sillón.

Rápidamente el dueño de la casa se dirigió a la calle, corriendo lo más rápido que podía, el miedo era el motor que no lo dejaba frenar. A momentos volteaba para ver si no era perseguido pero se percataba que aquel hombre lo seguía al mismo paso, lo sentía cada vez más cerca hasta que de pronto en una intersección de calles lo único que alcanzó a ver fue una luz brillante proveniente de un auto a toda velocidad. El choque fue tremendo, tan fuerte que dejó a un cadáver con el rostro desecho en el pavimento y un carro huyendo a toda velocidad como si nada hubiese pasado.

23 abr. 2009

Por qué se utiliza mucho una letra como ésta
si al final sirve para unir, pero, qué podemos unir aquí.
Nada está junto, todo lo hemos separado,
lo hemos convertido en dolientes llamadas lejanas
en tristes besos de despedida.

Tú con tu amor Y yo con mi pena

Caminamos por senderos sinuosos
que parecieran ser alegres Y motivadores

¡Veamos la realidad!
o al menos mi pequeña verdad

Yo te espero día con día
Y camino por callejones mentales hasta que rompo mi cráneo con la pared
Y pienso en ti Y lloro por ti Y finjo alegría por ti
Y la i griega podría seguir

Creando uniones como lo es ella misma,
Hasta que entienda por completo que
Tú Y yo ya no existimos unidos así
mas bien somos una simple I

6 abr. 2009



-Ma aspetta un attimo, sei matto, non sai niente da me- fue la última frase que recuerdo de Isabella, después abrió la puerta, me miró por un momento y me dijo que me marchara, caminé con mis pocos recuerdos atrapados en mi puño cerrado, alcancé a verla por última vez cuando cerraba la puerta, ahí entendí que todo había terminado.


A Isabella la conocí en mi primer viaje a Italia, era un muchacho soñador que después de haber finalizado mis cursos de italiano en la universidad mi padre me había regalado un viaje a Roma, no pensé dos veces en ir además de que no sabía lo que allá me esperaría. Me despedí de mi novia Lourdes, de mi gran amigo Francisco, los únicos que fueron a despedirme al aeropuerto y de las únicas personas por las cuales sentía un… no se qué, un sentimiento extraño, no los quería, era algo más; pero no los amaba, era algo menos.


Al llegar a Roma busqué un hotel de los más baratos así me quedaría más dinero para gastar, eso sí, yo junté mi dinero para derramarlo en Europa, mi padre sólo pago el boleto de avión y el hospedaje, no podía pedir más, ya había sido demasiado generoso. El hotel en el que me hospedé tenía por nombre Fontana da Vita, que de vida no tenía nada, sólo unos cuantos cuartos infestados de cucarachas pero que la fachada estaba llena de vida con colores de aquellos que llaman la atención a un kilómetro de distancia. Ahí me alojé, después inicié a recorrer la ciudad, la gente pasaba, hablaba muy rápido, diferente al salón de clases, fue tanta mi confusión que me desesperé y terminé sentando en un café de no sé qué calle, ni siquiera la recuerdo.


Ya sentado pedí un espresso, dopo ho accesso una sigaretta, todo iniciaba a bajar de ritmo solamente que cerca de mí había una chica bellisima, de cabello largo y negro, negro como la tinta de mi pluma, negro como el gato que tanto había deseado, negro como el café que tomaba; sus ojos azules hacían un gran contraste en su rostro, tenía una nariz de tamaño medio, puntiaguda sin embargo hermosa. Quería hablarle, no sabía cómo acercarme, tal vez un –Ciao, come va?. Mi chiamo Alfonso e sono messicano. Possiamo parlare?- tal vez hubiera funcionado, sólo que no sabía a ciencia cierta cómo se le habla a una mujer en un país extranjero, no creo que sea como en México, donde la chica te mira, tú la miras, luego se acercan y ya, todo está listo. Entre mirada y mirada, mías claro, estaba a punto de abandonar la mesa para dirigirme a ella, en ese instante saldría todo, no era necesario pensarlo, pero se levantó antes de que tomara la iniciativa y se fue, me quede ahí, solo, solo, en otro país, sin saber hablar por pena, por extrañeza y sin nadie con quién iniciar la toma de confianza.


Terminé mi café y decidí salir para seguir conociendo tan maravillosa ciudad, pensaba ir al coliseo, después visitar algunas fuentes, ese era mi plan; no obstante a mi salida tropecé con una chica, no era fea pero tampoco bella como la que había visto unos minutos atrás, los dos caímos, ella me echó una mirada de pocos amigos, yo sólo logré decir – scusatemi, non ti avevo visto – ella solo mi guardo, volevo sapere quello che pensaba ma non ho potuto domandare, ero nervoso. Al levantarse me preguntó mi nombre:


- Alfonso, me llamo Alfonso- contesté entre unos balbuceos, no pude contestarle en italiano, no sé porque, creo que todavía la confianza no se posesionaba en mí.


- Sei spagnolo? Io non capisco bene quella lingua, sai parlare italiano?


- Chiaro, chiaro, parlo un po’ non sono bravo ma faccio uno sforzo per farmi capire.


Ahí conocí a Isabella, después me invitó un café, regresamos a la cafetería y hablamos por horas, a veces ella hacía unos gestos como si no entendiera lo que decía y sí, creo que no me daba a entender pero en verdad que el esfuerzo que hice ayudó para que después se ofreciera a mostrarme la ciudad. Fuimos por toda Roma, visitamos varios lugares para acabar en su casa tomando más café y fumando varios cigarrillos. Alrededor de la una de la madrugada le dije que me tenía que ir a lo que ella respondió que era demasiado tarde para irme, además que iba a ser difícil encontrar mi hotel a estas horas de la noche, yo sabía que lo podría encontrar pero la respuesta que había dado era como si quisiera que me quedara con ella y accedí inmediatamente, no me quitaba nada seguir con ella platicando.


La charla se alargó hasta las tres, hablábamos de su país, de mi hermosa nación, de mis sueños, de lo que abandonó, de lo que estaba por nacer, de lo que hacía ahí yo, de lo que ella quería hacer, hasta que entre frase y frase salió algo hermoso:


- Sei un ragazzo inteligente


- E tu una donna bellissima


- Bellissima? Credo che tu sei un po’ matto


- Matto? Forse, ma bella, veramente bella sei tu.


- Cosa farei se un baccio trova tua boca


Un baccio, un beso, el mejor beso que me han dado en toda mi vida, Isabella era una mujer que sabía hacer eso, hacía que se perdiera uno, que al momento de cerrar los ojos te trasportaras a otro mundo con ella, era un vuelo entre los dos, iba y volvía sin separarme, ni siquiera la chica que había dejado en mi tierra me había dado un beso de tal calibre, un disparo que eliminó todo lo que sentía, todo lo que creía, me transformó aquel beso internacional. Luego de aquel instante pasamos a otras instancias, llegamos hasta su cama, pasaron un sinfín de cosas, puede parecer algo raro pero en verdad me enamoré de ella en ese mismo lugar, en este pequeño lapso de tiempo, sentía que la amaba, entre caricias, besos y murmullos en italiano y español dormimos, le eché la mano por encima, ella se pego a mi cuerpo, se volteo hacia la pared, me dijo que apagara la lámpara que estaba en su buró, la apagué y desaparecimos de este mundo, dormimos, viajamos.


Al despertar ella no estaba, no había dejado nada en el cuarto para saber de su paradero, así que me vestí rápidamente y cuando salí de la habitación me percaté que ella estaba en la cocina haciendo el desayuno en ese momento me alegré tanto de verla, pensé que me había dejado como un idiota en su cama, como si hubiera sido un chico más pero no, hacía el desayuno, tal vez mi desayuno el nuestro, me acerque le di un beso en la mejilla y le dije – buon giorno, donna- ella me miró con esa extrañeza de antes y me contestó:


- Ciao ragazzo, hai dormito bene?


- Si, si. É stato la migliore notte della mia vita.


- Va be’, ma adesso doviamo parlare dei soldi.


¿Dinero? Por qué me hablaba de dinero, había sido la mejor noche de mi vita y ella lo echaba a perder con dinero, así que le dije todo lo que sentía, todo lo que había sentido estando con ella compartiendo el tiempo, la saliva, las palabras. A Isabella no le importó, no sé si me entendió bien solamente se rió a lo que yo contesté con un montón de palabrerías, que quería casarme con ella, que me había hecho muy feliz, que quería seguir conociéndola, que quería estar con ella, no ser su dueño pero sí su pareja, ahí creo que sí me di a entender porque respondió con:


- Ma aspetta un attimo, sei matto, non sai niente da me


Y todo lo demás ya se sabe, lloré por mucho tiempo recordando aquella maravillosa noche, sabiendo que era el amor que tanto había esperado, pero al regresar a México todo cambiaba, mi novia me esperaba, mi amigo fue a recogerme al aeropuerto, nunca más pensé en Isabella hasta ahora que he leído un artículo de los amores internacionales, que son pasajeros como lo es uno al momento de tomar el avión.

Dedicado a Quique Marx y Fantasía, por compartir
conocimientos, experiencias y pensamientos.

1 abr. 2009

Nueve estrellas alcanzó a contar Miguel. Cuántas estrellas se pueden ver en un cielo despejado, con luces tenues en la ciudad, sin la contaminación de costumbre, cuántas se pueden contar. Él solo conto nueve porque los pensamientos no lo dejaban quieto, lo traían de un lado para otro, lo hacían viajar sin pasaporte y sólo nueve fueron las que su mente logró enumerar, las demás las dejó de lado porque el viaje comenzaba.

El chico solía salir a la azotea para contemplar lo que nos cumbre la cabeza, lo que nos protege del espacio pero que comienza a serlo, era una afición que tenía desde pequeño, desde que su padre lo sacaba a ver la luna llena, le contaba historias acerca de la relación que tenia ésta con los hombres y a pesar de que era pequeño entendía bien lo que su padre decía, desde ahí comenzaba a viajar sin abandonar el espacio-tiempo en el que se encontraba.

La noche era un hábitat perfecto para el muchacho, la obscuridad no le generaba miedo, ni cuando era un infante, él creía que las estrellas lo podían proteger de cualquier peligro y que la luna era la comandante de aquel ejército brillante. Había veces que les pedía favores, dirigiéndose a ellas con pensamientos profundos e imaginativos, era una historia recreada en su mente con él como personaje principal, de ahí se desarrollaba el relato que finalizaba con la atención pedida. Otras veces sólo contaba a forma de historia épica su día, esa gesta era pensada en cada momento que vivía, a veces se le aumentaban detalles que enriquecían la leyenda, modificando de a poco la verdad pero nunca mintiendo.

Miguel fue hijo único, creció en la soledad que la casa le brindaba, era raro según opiniones externas, era bastante normal según opiniones personales. La soledad que vivió lo preparó para no necesitar nada, se conformaba con lo que tenía, aceptaba lo que le era dado y si llegaba a pedir era únicamente para poder entablar una comunicación interestelar, interpersonal. El lenguaje tenía que ser respetado, era lo que lo formaba como persona, precisaba de él mas no lo utilizaba de la misma forma en que los demás, buscaba simplificarlo a tal punto de complicarlo para una mente razonable.

Todo ser que habla tiene una estructura definida en su lenguaje, Miguel también la tenía solamente que el entendimiento era reservado para él, un día se le ocurrió mostrárselo a su amigo más intimo, Pedro, pero su poco nivel de entendimiento hizo que soltara una risa que llegaba a ser carcajada a lo que Miguel respondió con una mirada fulminante, lo dejo convertido en cenizas ya que su gran tesoro se encontraba inmerso entre las palabras ya fueran escritas, habladas o pensadas.

Los únicos seres con los que podía entablar una comunicación con dicho lenguaje eran los que se encontraban en la parte superior, en la bóveda celeste; eran los únicos capaces de responderle, de cuestionarle amplia y concienzudamente, por tal motivo aquella noche solamente alcanzó a contar nueve estrellas, porque el día comenzaba a aparecer, era nueve horas las que llevaba fuera, nueve horas charlando y el astro rey comenzaba asomar sus cabellos dorados, el viaje se veía a lo lejos, era hora de despedirse y decir simplemente, hasta la noche.

28 mar. 2009

Perdóname hermano. Se piadoso, perdóname la vida, sé que no he sido una persona de lo mejor pero trataré de cambiar, se necesita un momento como este para realizar modificaciones en tu vida y ahora, estoy pensando seriamente en cambiar hermano, pero no me mates por favor.

Acepto que cometí un error y que con él tú te has visto afectado sin embargo, nunca quise que te perjudicara todo lo que yo hacía, bien sabes que cada uno tiene sus negocios y que el otro nunca se debe ver involucrado en negocios ajenos, fue un error el que cometí hermano, todos cometemos errores no obstante, la mayoría son perdonados o al menos se pueden recomponer los actos hechos pero mírate, no me estás dando la oportunidad de nada, solamente quiero que reflexiones y me des otra oportunidad.

No puedo dejar de temblar, mi cuerpo está frio como si ya estuviera muerto, mira mi sudor hermano, ni siquiera cuando jugábamos futbol transpiraba de esta forma mas, percátate como me tienes ahora. Mis manos sacan litros de liquido salado, de mi frente escurre tanto sudor que bien se podrían formar una cascada, así me tienes hermano, y lo peor del caso es que no me tienes ni siquiera lastima, ten lastima de mi, soy un pobre animal enfermo, veme aunque sea de esta forma, con ojos de pena extraña o al menos ten compasión, veme, yo tu hermano a punto de morir por una estupidez.

Necesitas tranquilizarte hermano, tranquilo, todo lo que estas pensando es una mentira. Estas tan alterado que no puedes escucharme. Analiza todo y dime si es posible que yo haga eso, anda piénsalo bien, reflexiona y dime si es posible que yo te quiera hacer daño intencionalmente, si te hice daño fue un error como ya te lo había dicho pero, detente en este justo instante, quítame estas cuerdas me están lastimando demasiado, también sería prudente que guardaras el arma, basta hermano, si me querías ver sufriendo lo has logrado, basta.

Como dejas guiarte por palabras, éstas algunas veces pueden ser banales, sin un sentido claro, distorsionan la realidad, bien dice el dicho: las palabras se las lleva el viento, todo por ser tan frágiles, tan inestables empero, un sentimiento como el que te invade en este momento puede perdurar y todo gracias a malinterpretaciones, pareciera que no me conocieras, vivimos juntos tantos años, nos ayudamos mutuamente en todo momento. Acuérdate cuando jugábamos a las escondidillas, lo tanto que nos divertía buscar sitios en los cuales nos resguardábamos perfectamente o cuando nos platicábamos los problemas en la adolescencia, aquellos apuros existenciales, que por cierto los tuyos eran más interesantes y no lo digo para adularte, simplemente los menciono para que recapacites y veas que podemos arreglar las cosas los dos, como en los viejos tiempos.

Hermano, tranquilízate. Ya quita esa cara que me pones más nervioso. Suelta el arma, suéltala por el amor de Dios. Esto es increíble, es un sueño, no puedo creer que mi propio hermano esté a punto de matarme, que me vaya a matar y todo por un chisme, por un suceso que no ocurrió de esa forma, es toda una patraña, hermano es una patraña, una mentira está siendo clave en nuestra relación, la está destruyendo.

Vamos hacer algo hermano, toma tus pastillas, las necesitas, me dejas aquí amarrado toda la noche, no me quejaré y ya mañana con el primera rayo de luz arreglamos las cosas, ordenamos todo. Veras que tus medicinas te ayudaran, no es porque estés enfermo simplemente eres un individuo diferente por eso las necesitas. Tu mundo es mejor que el de cualquier otro pero, cuando no las tomas ese mundo queda en ruinas, además el mundo en el que vives me encanta por eso te saque de aquel lugar nefasto, donde te cortaban la libertad de soñar, pero mira ahora ese sueño se está volviendo una pesadilla también, aquel sitio me impedía estar contigo, yo quería estar contigo porque tengo confianza y fe en ti, no sólo en aquel momento, ahora mismo sigo teniendo fe y confianza. Tenme fe Caín, ten confianza en mí, tu hermano Abel y perdóname la vida.

27 mar. 2009

A la edad de ocho años Manuel ha dejado la imaginación para ocuparse de asuntos más importantes. Por lo regular un niño de esa edad se dedica a jugar con sus amigos, se va al parque, se sale de la escuela para dirigirse directamente a casa y jugar con los soldaditos de plástico que les fueron regalados en navidad, no sé, un sinfín de actividades que al realizarse nos introducen cierta emoción, cierta fuerza propia de un infante sin embargo, Manuel no es así.

La madre de Manuel se alegra a diario al ver a su hijo cada vez más independiente, él ya no se preocupa por las verduras a la hora de comer o el hacer berrinchitos porque no se le compra un juguete de moda, para Teresa eso es un logro, un sueño, ya que siempre detestó aquellos mocosos que se esconden bajo la falda de su madre, ella deseaba tanto un niño independiente, que no necesitara de nadie para realizar una tarea y pareciera que lo había logrado con su Manuelito, uno de los niños más raros de la colonia.

Marco Y Mario son amigos de Manuel, van en la misma escuela, tienen los mismos gustos y lo mejor de todo es que son vecinos. Sus padres se conocen desde hace mucho tiempo, desde que llegaron de paracaidistas a la colonia, cuando las calles estaban cubiertas de tierra y las casas eran de cartón. Al paso del tiempo las tres madres quedaron embarazadas y dieron a luz casi al mismo tiempo, fue en el mes de Febrero, los días cuatro, cinco y seis, así que la amistad los marca desde antes de su nacimiento.

Los chicos pasan sus días entre charlas, videojuegos y chicles. Tienen los días de la semana repartidos para visitar la casa de cada uno; lunes, miércoles y viernes en el hogar de Marco; jueves y martes en casa de Mario y los fines de semana le toca a Manuel recibirlos. La hora señalada son las cuatro de la tarde ya que entre semana se tiene que regresar temprano al hogar para hacer la tarea, comer y descansar de todo el trabajo escolar, sí trabajo escolar, ya que no sólo son estudiantes sino que el negocio que dentro de la institución crearon los deja agotados.

Esa pequeña empresa se fundó gracias a la necesidad de comprar videojuegos, que en esta época son carísimos. Su negocio es el vender chicles, artículos prohibidos en la primaria Juan Escutia, ni siquiera la cooperativa puede distribuirlos así que estos pequeños se dedican a repartirlos clandestinamente. La idea se les ocurrió al ver un programa en televisión donde pasan la vida de los presos y las mil y un formas que se inventan para distribuir productos dentro de las instituciones penitenciarias. Por lo tanto los chicuelos crearon sus propios trucos para que todo funcionara a la perfección.

Primeramente tuvieron que crear un fondo a base de sus domingos, después se procedió a la compra de los chiles, la caja de veinte cuadritos les costó veinte pesos y con esa primera inversión iniciaron lo que ahora es un negocio prospero. Los chicles dentro de la institución cuestan dos pesos sin embargo, el costo era lo de menos, lo que más les divertía de aquella labor era el sistema creado para la venta.

Tienen estrictamente prohibido vender durante el recreo, todo tiene que hacerse durante las clases; por ejemplo si un compañero necesita un chicle, le hace una seña a Marco, Mario o Manuel, según sea el grupo, con un estiramiento de aquellos típicos en la escuela, provocados por el fastidio mas debe ir acompañado por el lápiz en la mano izquierda, así uno de los chicos, que por cierto ocupan los lugares traseros para poder ver quien necesita el producto, se levanta y le pide permiso al profesor para salir al baño, el chicle se encuentra en una bolsa cosida al pantalón por ellos mismos.

En vez de ir al baño se dirige al área de juegos, todo esto rápidamente porque si el conserje o algún profesor los llega ver el negocio quedaría en banca rota, y sobre el columpio de color verde se deja el chicle. El niño regresa rápidamente al salón, entra, mira al compañero – comprador, éste inmediatamente se levanta, pide permiso para ir al baño y recoge el producto. El pago de los dos pesos tiene que hacerse con una moneda de este valor, incrustada en un sacapuntas redondo, luego es pasado por los alumnos hasta llegar a las manos del pequeño empresario que después regresa el sacapuntas prestado.

Así que en la escuela primaria Juan Escutia siempre se ven niños saliendo al baño, cosa que no apura a los maestros por la cantidad de agua que toman a fuerza de sus padres. También esa ida y vuelta de los sacapuntas es algo común dentro de la institución pero nadie, absolutamente nadie se da cuenta de la empresa clandestina en manos de tres pequeños niños; ni siquiera sus padres se percatan de los hechos y creen que el dinero que tienen los pequeños es por ser ahorradores de sus domingos. Sólo les preocupa el ver cajas de chicles en la basura, de aquellos que ayudan para dejar el cigarro pero erróneamente lo atribuyen a sus esposos, fumadores de dos cajetillas al día
Disculpen por abandonar el blog durante mucho tiempo pero, estamos de vuelta y eso es lo que importa.



Bueno, he visto el blog de Claudel y me agradó eso de poner poemas, así que he decidido copiarle (disculpa, amiga) y poner algo sobre el hombre que me hizó amar más la literatura: Cortázar.



Me caigo y me levanto


Nadie puede dudar de que las cosas recaen. Un señor se enferma, y de golpe, un miércoles recae. Un lápiz en la mesa recae seguido. Las mujeres, cómo recaen. Teóricamente a nada o a nadie se le ocurriría recaer pero lo mismo esta sujeto, sobre todo porque recae sin conciencia, recae como si nunca antes. Un jazmín, para dar un ejemplo perfumado. A esa blancura, de donde le viene su penosa amistad con el amarillo? El mero permanecer ya es recaída: el jazmín, entonces. Y no hablemos de las palabras, esas recayentes deplorables, ni de los buñuelos fríos, que son la recaída clavada. Contra lo que pasa se impone pacientemente la rehabilitación. En lo mas recaído hay siempre algo que pugna por rehabilitarse, en el hongo pisoteado, en el reloj sin cuerda, en los poemas de Pérez, en Pérez. Todo recayente tiene ya en si a un rehabilitante pero el problema, para nosotros los que pensamos nuestra vida, es confuso y casi infinito. Un caracol segrega y una nube aspira; seguramente recaerán, pero una compensación ajena a ellos los rehabilita, los hace treparse poco a poco a lo mejor de si mismos antes de la recaída inevitable. Pero nosotros, tía, como haremos? Como nos daremos cuenta de que hemos recaído si por la mañana estamos tan bien, tan café con leche, y no podemos medir hasta donde hemos recaído en el sueño o en la ducha? Y si sospechamos lo recayente de nuestro estado, como nos rehabilitaremos? Hay quienes recaen al llegar a la cima de una montaña, al terminar su obra maestra, al afeitarse sin un solo tajito; no toda recaída va de arriba abajo, porque arriba y abajo no quieren decir gran cosa cuando ya no se sabe donde se está. Probablemente Icaro creía tocar el cielo cuando se hundió en el mar epónimo, y dios te libre de una zambullida tan mal preparada. Tía, como nos rehabilitaremos?


Hay quien ha sostenido que la rehabilitación sólo es posible alterándose, pero olvido que toda recaída es una desalteración, una vuelta al barro de la culpa. Somos lo más que somos porque nos alteramos, porque salimos del barro en busca de la felicidad y la conciencia y los pies limpios. Un recayente es entonces un desalterante, de donde se sigue que nadie se rehabilita sin alterarse. Pero pretender la rehabilitación alterándose es una triste redundancia: nuestra condición es la recaída y la desalteración, y a mi me parece que un recayente debería rehabilitarse de otra manera, que por lo demás ignoro. No solamente ignoro eso sino que jamas he sabido en que momento mi tía o yo recaemos. Como rehabilitarnos, entonces, si a lo mejor no hemos recaído todavía y la rehabilitación nos encuentra ya rehabilitados? Tía, no será esa la respuesta, ahora que lo pienso? Hagamos una cosa: usted se rehabilita y yo la observo. Varios días seguidos, digamos una rehabilitación continua, usted está todo el tiempo rehabilitándose y yo la observo. O al revés, si prefiere, pero a mi me gustaría que empezara usted, porque soy modesto y buen observador. De esa manera, si yo recaigo en los intervalos de mi rehabilitación, mientras que usted no le da tiempo a la recaída y se rehabilita como en un cine continuado, al cabo de poco nuestra diferencia será enorme, usted estará tan por encima que dará gusto. Entonces yo sabré que el sistema ha funcionado y empezaré a rehabilitarme furiosamente, pondré el despertador a las tres de la mañana, suspenderé mi vida conyugal y las demás recaídas que conozco para que sólo queden las que no conozco, y a lo mejor poco a poco un día estaremos otra vez juntos, tía, y será tan hermoso decir: Ahora nos vamos al centro y nos compramos un helado, el mío todo de frutilla y el de usted con chocolate y un bizcochito.
 

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