1 jul. 2009

Ciudad de México, 21 de noviembre de 1999
Estimada Fernanda:

Hacía mucho tiempo que no sabía nada de ti, hasta que de pronto veo un mensaje en mi bandeja de entrada del correo electrónico y advierto un mensaje tuyo. No sabes cuánto me alegré, pensé que el olvido había llegado para mí.

Por lo visto Madrid te sienta muy bien, las clases en la facultad, las amistades que has hecho, la bella ciudad que ahora te envuelve, es un mundo maravilloso, pero siéndote sincero eso queda en segundo plano (al menos para mí), lo importante es el recordar a los que estamos aun en México.

Después del numerito que hice fuera de mi casa creí que nunca volverías hablarme (te pido una disculpa), no obstante, en aquel momento sentía perder una parte de mí, hubiese preferido perder una mano, un pie, qué se yo, me eras tan indispensable para salir adelante (suena horrible, patético mas, es la verdad) y ahora cuando estas a millones de kilómetros me percato de todas las capacidades que tengo para hacer mi propio camino (muchas gracias por ser mi maestra en esta vida).

No se me ocurre otro tema de conversación así que optaré por despedirme. Muchas suerte, te deseo mucha suerte en tu aventura europea, sé que no la necesitas eres brillante pero aun así te la deseo. Espero podamos escribirnos de esta forma ya que el internet se me hace… no tengo un adjetivo correcto, además con esta entrega postal podemos recuperar un poco el romanticismo de épocas pasada. Hasta pronto.

Eduardo

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