27 jul. 2009

Una pluma no ayuda a plasmar los sentimientos de una forma clara,
para eso necesitaríamos con nosotros a una dama
porque son las únicas traductoras del alma.

15 jul. 2009

Me ha costado tanto trabajo soportar este maldito sitio. Llevo encerrado casi dos semanas, con un poco de comida y un poco de agua (aunque no podría llamar a eso comida, ya que ni siquiera las ratas se lo comen). El frío me está matando, entra por todos los lado de la celda y por más que me cubra no puedo deshacerme de él por completo. Nunca pensé que el encierro fuera tan terrible, de haber sabido hubiese preferido declarar al momento del primer interrogatorio, pero no, no quise hacerlo fingiendo ser amigo de la causa, maldita sea la causa.

Mientras esa bola de patanes está tomando vino, comiendo pan y divirtiéndose por el supuesto triunfo, yo estoy encerrado en un cuartucho frio, soportando los golpes y humillaciones de los policías, ¿acaso eso es el triunfo?, triunfo para ellos, para el gordo de Hernández, amante de la lucha desde el escritorio de madera y la silla de piel, para él sí que es una victoria pero para el ciento de idiotas que estamos encarcelado no lo es y se lo podría preguntar a cualquiera de ellos, obteniendo la misma respuesta.

En las primeras horas de arresto estuve en pie de lucha, defendiendo nuestros supuestos ideales, creía en la demás gente, en todo el movimiento, sin embargo, ya son dos semanas las cuales estoy prisionero y tal vez el tiempo se alargue ya que escuché a un compañero decir que somos los mártires de la revolución, que nuestras vidas no valen casi nada comparadas con aquel triunfo. Después nos pondrán alguna imagen o una simple inscripción de nuestros nombres para recordándonos por la eternidad, todo eso es basura porque no están viviendo el tormento de nosotros, los victoriosos no tienen sangre en el rostro, ni las palmas quemadas, ni siquiera tienen un simple rasguño, que mierda es la ideología dada a las masas.

Todas las noches, los compañeros cantan para levantar el ánimo, me tienen hasta la coronilla con aquellos himnos al pendejismo, himnos que alaban la muerte de los hombres para el bienestar de otros tantos, no obstante, he llegado a creer que eso no sirve, que el hombre es un ser guerrero por naturaleza, o mejor dicho por un instinto, a la naturaleza no la metamos en nuestros problemas. Por más que se busque el bienestar de la raza humana nunca se podrá alcanzar, simplemente el exterminio total de cada uno de los seres sería la salvación o al menos de todos los parecidos a Hernández, de los políticos incapaces de ver la realidad, de los líderes corrompidos por el poder, en pocas palabras: la mierda de la sociedad.

El frío continúa trabajando y yo debo dejar de pensar en tanta basura, porque sino sólo lograré la perdida de la razón. Sé que hice mal al combatir a los gobernantes en turno sin antes conocer por completo a las personas con las cuales iba a lidiar. Tiramos a una sarta de simios y dejamos a otros igual, creo que la idiotez no sólo es para las clases dirigentes, todos nos vemos envueltos en ella, saltamos de un lado a otro, somos rojos, somos negros, hasta hemos llegado a ser grises pero eso no quita la estupidez en nosotros.
A mi parecer la única salida existente es la autogestión, pero se necesitan entes pensantes, VERDADERAMENTE PENSANTES, para poder lograrlo, mientras estamos aquí, pasando frio, hambre y un remordimiento terrible por ayudar a otros en vez de hacer algo por nosotros mismos.

12 jul. 2009

Detrás de todas las insolencias que he dicho
Detrás de todas las vidas que he dejado
Detrás de todos los besos que he dado
Continúas existiendo dentro de este bicho.

No te pierdes ni por un instante
Existes a cada momento
Tal vez sea porque no te dejo
Tal vez sea porque siempre te espero.

Y no me canso de esperar, paloma mía
Me siento a contemplar la luna,
Viendo las estrellas danzar por seis horas
Y el día en que ellas paren, tomaré mis cosas.

Si la pelota continua andando,
Tu regreso será inevitable
Pero si se para por un instante
El desoje será inevitable.

Qué más puedo decir, mi paloma
Para darte el verdadero mensaje
De mi amor eterno
Hacia toda tu persona.

Me parece que el silencio
Resumiría mis sentimientos
Entonces este enmudecimiento literario
Será mi último grito de amor desesperado
Madrid 25 de diciembre 1999

Eduardo:

Nunca pensé que volveríamos hablarnos. Realmente hiciste un espectáculo tremendo aquel día, no imaginaba que tú te hubieses puesto de esa forma, parecías perro, hombre, pero bueno lo mejor es que todo ya está superado.


El mail que recibiste fue culpa (extrayendo el sentido negativo de la palabra) del alcohol ya que ese día salí con una amigas a beber unas cervezas y como ya sabes no soy buena bebedora, el punto es que cuando llegué al departamento me sentía muy sola y tu eres (ERES, nada de pasado) la única persona capaz de hacerme compañía, necesitaba tus palabras, tus ironías, tu inteligencia, ese día las necesitaba, ahora ya no tanto, no tanto.


Cambiemos el tema un poco, dejemos los sentimentalismos para el final (¿crees que esta palabra, FINAL, la podamos ocupar en un sentido amplio algún día?). Hoy es veinticinco de diciembre, navidad, sí navidad y no estamos juntos. Acá hace un frio tremendo, de por si nunca me gustó el frio, sin embargo, pareciera calar más ahora, entra en mis huesos y se queda por largo tiempo. Los madrileños ya están acostumbrados, salen a la calle como si nada, con sus abrigos, bufandas y guantes y aunque salgo abrigada de la misma forma no soporto tanto tiempo estar fuera.


Sigamos con los cambios. Deseo tocar el punto final de tu carta. YA NO TIENES NADA MÁS QUE ESCRIBIR PARA MI, no se te ocurre otro tema de conversación. Vaya que me has sorprendido. Diez años juntos y me dices que no sabes de qué hablarme. Estás loco o simplemente juegas a estarlo. ¿Sabes? Me ofendí mucho por ese comentario, hubieras visto mi cara en aquel momento, toda roja por la rabia, no podía creer que el amor o ex amor (aun no sé cómo definirlo) de mi vida suelta esas palabras tan huecas, tan estupidez, tan comunes para las relaciones idiotas que tanto criticábamos, no para nosotros, lalo, no para nosotros, por la simple razón de ser nosotros.


Tenemos muchos temas de los cuales hablar. Qué te parece tu relación con Mónica o tu estado de ánimo después de mi partida o las frías mañanas que pasamos por no tenernos cerca. Esos sí que son temas de conversación, bien podríamos llenar hojas y hojas hablando de todo eso, pero no, tú me sales con tus muestras de indiferencia cuando sé la verdad. Estas aparentando, lalo, me extrañas, me amas pero no puedes aceptarlo por el maldito orgullo reinante en tu persona. Y te respondo la carta por lo mismo, porque yo siento lo mismo, la única diferencia es la aceptación que tengo, no me engaño y lo más conveniente sería el no engañarte a ti mismo.


Dejémonos de tonterías. Me despido, lalo. Cuídate mucho y me saludas a Martha y Josefina, les dices que las extraño muchísimo. En cuanto ti… haz lo posible para seguir adelante, también eres una persona capaz de cualquier cosa, espero seguir recibiendo más cartas…. Te mando una postal.

Con cariño:
Fernanda

1 jul. 2009

Ciudad de México, 21 de noviembre de 1999
Estimada Fernanda:

Hacía mucho tiempo que no sabía nada de ti, hasta que de pronto veo un mensaje en mi bandeja de entrada del correo electrónico y advierto un mensaje tuyo. No sabes cuánto me alegré, pensé que el olvido había llegado para mí.

Por lo visto Madrid te sienta muy bien, las clases en la facultad, las amistades que has hecho, la bella ciudad que ahora te envuelve, es un mundo maravilloso, pero siéndote sincero eso queda en segundo plano (al menos para mí), lo importante es el recordar a los que estamos aun en México.

Después del numerito que hice fuera de mi casa creí que nunca volverías hablarme (te pido una disculpa), no obstante, en aquel momento sentía perder una parte de mí, hubiese preferido perder una mano, un pie, qué se yo, me eras tan indispensable para salir adelante (suena horrible, patético mas, es la verdad) y ahora cuando estas a millones de kilómetros me percato de todas las capacidades que tengo para hacer mi propio camino (muchas gracias por ser mi maestra en esta vida).

No se me ocurre otro tema de conversación así que optaré por despedirme. Muchas suerte, te deseo mucha suerte en tu aventura europea, sé que no la necesitas eres brillante pero aun así te la deseo. Espero podamos escribirnos de esta forma ya que el internet se me hace… no tengo un adjetivo correcto, además con esta entrega postal podemos recuperar un poco el romanticismo de épocas pasada. Hasta pronto.

Eduardo
 

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