12 jul. 2009

Madrid 25 de diciembre 1999

Eduardo:

Nunca pensé que volveríamos hablarnos. Realmente hiciste un espectáculo tremendo aquel día, no imaginaba que tú te hubieses puesto de esa forma, parecías perro, hombre, pero bueno lo mejor es que todo ya está superado.


El mail que recibiste fue culpa (extrayendo el sentido negativo de la palabra) del alcohol ya que ese día salí con una amigas a beber unas cervezas y como ya sabes no soy buena bebedora, el punto es que cuando llegué al departamento me sentía muy sola y tu eres (ERES, nada de pasado) la única persona capaz de hacerme compañía, necesitaba tus palabras, tus ironías, tu inteligencia, ese día las necesitaba, ahora ya no tanto, no tanto.


Cambiemos el tema un poco, dejemos los sentimentalismos para el final (¿crees que esta palabra, FINAL, la podamos ocupar en un sentido amplio algún día?). Hoy es veinticinco de diciembre, navidad, sí navidad y no estamos juntos. Acá hace un frio tremendo, de por si nunca me gustó el frio, sin embargo, pareciera calar más ahora, entra en mis huesos y se queda por largo tiempo. Los madrileños ya están acostumbrados, salen a la calle como si nada, con sus abrigos, bufandas y guantes y aunque salgo abrigada de la misma forma no soporto tanto tiempo estar fuera.


Sigamos con los cambios. Deseo tocar el punto final de tu carta. YA NO TIENES NADA MÁS QUE ESCRIBIR PARA MI, no se te ocurre otro tema de conversación. Vaya que me has sorprendido. Diez años juntos y me dices que no sabes de qué hablarme. Estás loco o simplemente juegas a estarlo. ¿Sabes? Me ofendí mucho por ese comentario, hubieras visto mi cara en aquel momento, toda roja por la rabia, no podía creer que el amor o ex amor (aun no sé cómo definirlo) de mi vida suelta esas palabras tan huecas, tan estupidez, tan comunes para las relaciones idiotas que tanto criticábamos, no para nosotros, lalo, no para nosotros, por la simple razón de ser nosotros.


Tenemos muchos temas de los cuales hablar. Qué te parece tu relación con Mónica o tu estado de ánimo después de mi partida o las frías mañanas que pasamos por no tenernos cerca. Esos sí que son temas de conversación, bien podríamos llenar hojas y hojas hablando de todo eso, pero no, tú me sales con tus muestras de indiferencia cuando sé la verdad. Estas aparentando, lalo, me extrañas, me amas pero no puedes aceptarlo por el maldito orgullo reinante en tu persona. Y te respondo la carta por lo mismo, porque yo siento lo mismo, la única diferencia es la aceptación que tengo, no me engaño y lo más conveniente sería el no engañarte a ti mismo.


Dejémonos de tonterías. Me despido, lalo. Cuídate mucho y me saludas a Martha y Josefina, les dices que las extraño muchísimo. En cuanto ti… haz lo posible para seguir adelante, también eres una persona capaz de cualquier cosa, espero seguir recibiendo más cartas…. Te mando una postal.

Con cariño:
Fernanda

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