6 abr. 2009



-Ma aspetta un attimo, sei matto, non sai niente da me- fue la última frase que recuerdo de Isabella, después abrió la puerta, me miró por un momento y me dijo que me marchara, caminé con mis pocos recuerdos atrapados en mi puño cerrado, alcancé a verla por última vez cuando cerraba la puerta, ahí entendí que todo había terminado.


A Isabella la conocí en mi primer viaje a Italia, era un muchacho soñador que después de haber finalizado mis cursos de italiano en la universidad mi padre me había regalado un viaje a Roma, no pensé dos veces en ir además de que no sabía lo que allá me esperaría. Me despedí de mi novia Lourdes, de mi gran amigo Francisco, los únicos que fueron a despedirme al aeropuerto y de las únicas personas por las cuales sentía un… no se qué, un sentimiento extraño, no los quería, era algo más; pero no los amaba, era algo menos.


Al llegar a Roma busqué un hotel de los más baratos así me quedaría más dinero para gastar, eso sí, yo junté mi dinero para derramarlo en Europa, mi padre sólo pago el boleto de avión y el hospedaje, no podía pedir más, ya había sido demasiado generoso. El hotel en el que me hospedé tenía por nombre Fontana da Vita, que de vida no tenía nada, sólo unos cuantos cuartos infestados de cucarachas pero que la fachada estaba llena de vida con colores de aquellos que llaman la atención a un kilómetro de distancia. Ahí me alojé, después inicié a recorrer la ciudad, la gente pasaba, hablaba muy rápido, diferente al salón de clases, fue tanta mi confusión que me desesperé y terminé sentando en un café de no sé qué calle, ni siquiera la recuerdo.


Ya sentado pedí un espresso, dopo ho accesso una sigaretta, todo iniciaba a bajar de ritmo solamente que cerca de mí había una chica bellisima, de cabello largo y negro, negro como la tinta de mi pluma, negro como el gato que tanto había deseado, negro como el café que tomaba; sus ojos azules hacían un gran contraste en su rostro, tenía una nariz de tamaño medio, puntiaguda sin embargo hermosa. Quería hablarle, no sabía cómo acercarme, tal vez un –Ciao, come va?. Mi chiamo Alfonso e sono messicano. Possiamo parlare?- tal vez hubiera funcionado, sólo que no sabía a ciencia cierta cómo se le habla a una mujer en un país extranjero, no creo que sea como en México, donde la chica te mira, tú la miras, luego se acercan y ya, todo está listo. Entre mirada y mirada, mías claro, estaba a punto de abandonar la mesa para dirigirme a ella, en ese instante saldría todo, no era necesario pensarlo, pero se levantó antes de que tomara la iniciativa y se fue, me quede ahí, solo, solo, en otro país, sin saber hablar por pena, por extrañeza y sin nadie con quién iniciar la toma de confianza.


Terminé mi café y decidí salir para seguir conociendo tan maravillosa ciudad, pensaba ir al coliseo, después visitar algunas fuentes, ese era mi plan; no obstante a mi salida tropecé con una chica, no era fea pero tampoco bella como la que había visto unos minutos atrás, los dos caímos, ella me echó una mirada de pocos amigos, yo sólo logré decir – scusatemi, non ti avevo visto – ella solo mi guardo, volevo sapere quello che pensaba ma non ho potuto domandare, ero nervoso. Al levantarse me preguntó mi nombre:


- Alfonso, me llamo Alfonso- contesté entre unos balbuceos, no pude contestarle en italiano, no sé porque, creo que todavía la confianza no se posesionaba en mí.


- Sei spagnolo? Io non capisco bene quella lingua, sai parlare italiano?


- Chiaro, chiaro, parlo un po’ non sono bravo ma faccio uno sforzo per farmi capire.


Ahí conocí a Isabella, después me invitó un café, regresamos a la cafetería y hablamos por horas, a veces ella hacía unos gestos como si no entendiera lo que decía y sí, creo que no me daba a entender pero en verdad que el esfuerzo que hice ayudó para que después se ofreciera a mostrarme la ciudad. Fuimos por toda Roma, visitamos varios lugares para acabar en su casa tomando más café y fumando varios cigarrillos. Alrededor de la una de la madrugada le dije que me tenía que ir a lo que ella respondió que era demasiado tarde para irme, además que iba a ser difícil encontrar mi hotel a estas horas de la noche, yo sabía que lo podría encontrar pero la respuesta que había dado era como si quisiera que me quedara con ella y accedí inmediatamente, no me quitaba nada seguir con ella platicando.


La charla se alargó hasta las tres, hablábamos de su país, de mi hermosa nación, de mis sueños, de lo que abandonó, de lo que estaba por nacer, de lo que hacía ahí yo, de lo que ella quería hacer, hasta que entre frase y frase salió algo hermoso:


- Sei un ragazzo inteligente


- E tu una donna bellissima


- Bellissima? Credo che tu sei un po’ matto


- Matto? Forse, ma bella, veramente bella sei tu.


- Cosa farei se un baccio trova tua boca


Un baccio, un beso, el mejor beso que me han dado en toda mi vida, Isabella era una mujer que sabía hacer eso, hacía que se perdiera uno, que al momento de cerrar los ojos te trasportaras a otro mundo con ella, era un vuelo entre los dos, iba y volvía sin separarme, ni siquiera la chica que había dejado en mi tierra me había dado un beso de tal calibre, un disparo que eliminó todo lo que sentía, todo lo que creía, me transformó aquel beso internacional. Luego de aquel instante pasamos a otras instancias, llegamos hasta su cama, pasaron un sinfín de cosas, puede parecer algo raro pero en verdad me enamoré de ella en ese mismo lugar, en este pequeño lapso de tiempo, sentía que la amaba, entre caricias, besos y murmullos en italiano y español dormimos, le eché la mano por encima, ella se pego a mi cuerpo, se volteo hacia la pared, me dijo que apagara la lámpara que estaba en su buró, la apagué y desaparecimos de este mundo, dormimos, viajamos.


Al despertar ella no estaba, no había dejado nada en el cuarto para saber de su paradero, así que me vestí rápidamente y cuando salí de la habitación me percaté que ella estaba en la cocina haciendo el desayuno en ese momento me alegré tanto de verla, pensé que me había dejado como un idiota en su cama, como si hubiera sido un chico más pero no, hacía el desayuno, tal vez mi desayuno el nuestro, me acerque le di un beso en la mejilla y le dije – buon giorno, donna- ella me miró con esa extrañeza de antes y me contestó:


- Ciao ragazzo, hai dormito bene?


- Si, si. É stato la migliore notte della mia vita.


- Va be’, ma adesso doviamo parlare dei soldi.


¿Dinero? Por qué me hablaba de dinero, había sido la mejor noche de mi vita y ella lo echaba a perder con dinero, así que le dije todo lo que sentía, todo lo que había sentido estando con ella compartiendo el tiempo, la saliva, las palabras. A Isabella no le importó, no sé si me entendió bien solamente se rió a lo que yo contesté con un montón de palabrerías, que quería casarme con ella, que me había hecho muy feliz, que quería seguir conociéndola, que quería estar con ella, no ser su dueño pero sí su pareja, ahí creo que sí me di a entender porque respondió con:


- Ma aspetta un attimo, sei matto, non sai niente da me


Y todo lo demás ya se sabe, lloré por mucho tiempo recordando aquella maravillosa noche, sabiendo que era el amor que tanto había esperado, pero al regresar a México todo cambiaba, mi novia me esperaba, mi amigo fue a recogerme al aeropuerto, nunca más pensé en Isabella hasta ahora que he leído un artículo de los amores internacionales, que son pasajeros como lo es uno al momento de tomar el avión.

Dedicado a Quique Marx y Fantasía, por compartir
conocimientos, experiencias y pensamientos.

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