23 abr 2009

Por qué se utiliza mucho una letra como ésta
si al final sirve para unir, pero, qué podemos unir aquí.
Nada está junto, todo lo hemos separado,
lo hemos convertido en dolientes llamadas lejanas
en tristes besos de despedida.

Tú con tu amor Y yo con mi pena

Caminamos por senderos sinuosos
que parecieran ser alegres Y motivadores

¡Veamos la realidad!
o al menos mi pequeña verdad

Yo te espero día con día
Y camino por callejones mentales hasta que rompo mi cráneo con la pared
Y pienso en ti Y lloro por ti Y finjo alegría por ti
Y la i griega podría seguir

Creando uniones como lo es ella misma,
Hasta que entienda por completo que
Tú Y yo ya no existimos unidos así
mas bien somos una simple I

6 abr 2009



-Ma aspetta un attimo, sei matto, non sai niente da me- fue la última frase que recuerdo de Isabella, después abrió la puerta, me miró por un momento y me dijo que me marchara, caminé con mis pocos recuerdos atrapados en mi puño cerrado, alcancé a verla por última vez cuando cerraba la puerta, ahí entendí que todo había terminado.


A Isabella la conocí en mi primer viaje a Italia, era un muchacho soñador que después de haber finalizado mis cursos de italiano en la universidad mi padre me había regalado un viaje a Roma, no pensé dos veces en ir además de que no sabía lo que allá me esperaría. Me despedí de mi novia Lourdes, de mi gran amigo Francisco, los únicos que fueron a despedirme al aeropuerto y de las únicas personas por las cuales sentía un… no se qué, un sentimiento extraño, no los quería, era algo más; pero no los amaba, era algo menos.


Al llegar a Roma busqué un hotel de los más baratos así me quedaría más dinero para gastar, eso sí, yo junté mi dinero para derramarlo en Europa, mi padre sólo pago el boleto de avión y el hospedaje, no podía pedir más, ya había sido demasiado generoso. El hotel en el que me hospedé tenía por nombre Fontana da Vita, que de vida no tenía nada, sólo unos cuantos cuartos infestados de cucarachas pero que la fachada estaba llena de vida con colores de aquellos que llaman la atención a un kilómetro de distancia. Ahí me alojé, después inicié a recorrer la ciudad, la gente pasaba, hablaba muy rápido, diferente al salón de clases, fue tanta mi confusión que me desesperé y terminé sentando en un café de no sé qué calle, ni siquiera la recuerdo.


Ya sentado pedí un espresso, dopo ho accesso una sigaretta, todo iniciaba a bajar de ritmo solamente que cerca de mí había una chica bellisima, de cabello largo y negro, negro como la tinta de mi pluma, negro como el gato que tanto había deseado, negro como el café que tomaba; sus ojos azules hacían un gran contraste en su rostro, tenía una nariz de tamaño medio, puntiaguda sin embargo hermosa. Quería hablarle, no sabía cómo acercarme, tal vez un –Ciao, come va?. Mi chiamo Alfonso e sono messicano. Possiamo parlare?- tal vez hubiera funcionado, sólo que no sabía a ciencia cierta cómo se le habla a una mujer en un país extranjero, no creo que sea como en México, donde la chica te mira, tú la miras, luego se acercan y ya, todo está listo. Entre mirada y mirada, mías claro, estaba a punto de abandonar la mesa para dirigirme a ella, en ese instante saldría todo, no era necesario pensarlo, pero se levantó antes de que tomara la iniciativa y se fue, me quede ahí, solo, solo, en otro país, sin saber hablar por pena, por extrañeza y sin nadie con quién iniciar la toma de confianza.


Terminé mi café y decidí salir para seguir conociendo tan maravillosa ciudad, pensaba ir al coliseo, después visitar algunas fuentes, ese era mi plan; no obstante a mi salida tropecé con una chica, no era fea pero tampoco bella como la que había visto unos minutos atrás, los dos caímos, ella me echó una mirada de pocos amigos, yo sólo logré decir – scusatemi, non ti avevo visto – ella solo mi guardo, volevo sapere quello che pensaba ma non ho potuto domandare, ero nervoso. Al levantarse me preguntó mi nombre:


- Alfonso, me llamo Alfonso- contesté entre unos balbuceos, no pude contestarle en italiano, no sé porque, creo que todavía la confianza no se posesionaba en mí.


- Sei spagnolo? Io non capisco bene quella lingua, sai parlare italiano?


- Chiaro, chiaro, parlo un po’ non sono bravo ma faccio uno sforzo per farmi capire.


Ahí conocí a Isabella, después me invitó un café, regresamos a la cafetería y hablamos por horas, a veces ella hacía unos gestos como si no entendiera lo que decía y sí, creo que no me daba a entender pero en verdad que el esfuerzo que hice ayudó para que después se ofreciera a mostrarme la ciudad. Fuimos por toda Roma, visitamos varios lugares para acabar en su casa tomando más café y fumando varios cigarrillos. Alrededor de la una de la madrugada le dije que me tenía que ir a lo que ella respondió que era demasiado tarde para irme, además que iba a ser difícil encontrar mi hotel a estas horas de la noche, yo sabía que lo podría encontrar pero la respuesta que había dado era como si quisiera que me quedara con ella y accedí inmediatamente, no me quitaba nada seguir con ella platicando.


La charla se alargó hasta las tres, hablábamos de su país, de mi hermosa nación, de mis sueños, de lo que abandonó, de lo que estaba por nacer, de lo que hacía ahí yo, de lo que ella quería hacer, hasta que entre frase y frase salió algo hermoso:


- Sei un ragazzo inteligente


- E tu una donna bellissima


- Bellissima? Credo che tu sei un po’ matto


- Matto? Forse, ma bella, veramente bella sei tu.


- Cosa farei se un baccio trova tua boca


Un baccio, un beso, el mejor beso que me han dado en toda mi vida, Isabella era una mujer que sabía hacer eso, hacía que se perdiera uno, que al momento de cerrar los ojos te trasportaras a otro mundo con ella, era un vuelo entre los dos, iba y volvía sin separarme, ni siquiera la chica que había dejado en mi tierra me había dado un beso de tal calibre, un disparo que eliminó todo lo que sentía, todo lo que creía, me transformó aquel beso internacional. Luego de aquel instante pasamos a otras instancias, llegamos hasta su cama, pasaron un sinfín de cosas, puede parecer algo raro pero en verdad me enamoré de ella en ese mismo lugar, en este pequeño lapso de tiempo, sentía que la amaba, entre caricias, besos y murmullos en italiano y español dormimos, le eché la mano por encima, ella se pego a mi cuerpo, se volteo hacia la pared, me dijo que apagara la lámpara que estaba en su buró, la apagué y desaparecimos de este mundo, dormimos, viajamos.


Al despertar ella no estaba, no había dejado nada en el cuarto para saber de su paradero, así que me vestí rápidamente y cuando salí de la habitación me percaté que ella estaba en la cocina haciendo el desayuno en ese momento me alegré tanto de verla, pensé que me había dejado como un idiota en su cama, como si hubiera sido un chico más pero no, hacía el desayuno, tal vez mi desayuno el nuestro, me acerque le di un beso en la mejilla y le dije – buon giorno, donna- ella me miró con esa extrañeza de antes y me contestó:


- Ciao ragazzo, hai dormito bene?


- Si, si. É stato la migliore notte della mia vita.


- Va be’, ma adesso doviamo parlare dei soldi.


¿Dinero? Por qué me hablaba de dinero, había sido la mejor noche de mi vita y ella lo echaba a perder con dinero, así que le dije todo lo que sentía, todo lo que había sentido estando con ella compartiendo el tiempo, la saliva, las palabras. A Isabella no le importó, no sé si me entendió bien solamente se rió a lo que yo contesté con un montón de palabrerías, que quería casarme con ella, que me había hecho muy feliz, que quería seguir conociéndola, que quería estar con ella, no ser su dueño pero sí su pareja, ahí creo que sí me di a entender porque respondió con:


- Ma aspetta un attimo, sei matto, non sai niente da me


Y todo lo demás ya se sabe, lloré por mucho tiempo recordando aquella maravillosa noche, sabiendo que era el amor que tanto había esperado, pero al regresar a México todo cambiaba, mi novia me esperaba, mi amigo fue a recogerme al aeropuerto, nunca más pensé en Isabella hasta ahora que he leído un artículo de los amores internacionales, que son pasajeros como lo es uno al momento de tomar el avión.

Dedicado a Quique Marx y Fantasía, por compartir
conocimientos, experiencias y pensamientos.

1 abr 2009

Nueve estrellas alcanzó a contar Miguel. Cuántas estrellas se pueden ver en un cielo despejado, con luces tenues en la ciudad, sin la contaminación de costumbre, cuántas se pueden contar. Él solo conto nueve porque los pensamientos no lo dejaban quieto, lo traían de un lado para otro, lo hacían viajar sin pasaporte y sólo nueve fueron las que su mente logró enumerar, las demás las dejó de lado porque el viaje comenzaba.

El chico solía salir a la azotea para contemplar lo que nos cumbre la cabeza, lo que nos protege del espacio pero que comienza a serlo, era una afición que tenía desde pequeño, desde que su padre lo sacaba a ver la luna llena, le contaba historias acerca de la relación que tenia ésta con los hombres y a pesar de que era pequeño entendía bien lo que su padre decía, desde ahí comenzaba a viajar sin abandonar el espacio-tiempo en el que se encontraba.

La noche era un hábitat perfecto para el muchacho, la obscuridad no le generaba miedo, ni cuando era un infante, él creía que las estrellas lo podían proteger de cualquier peligro y que la luna era la comandante de aquel ejército brillante. Había veces que les pedía favores, dirigiéndose a ellas con pensamientos profundos e imaginativos, era una historia recreada en su mente con él como personaje principal, de ahí se desarrollaba el relato que finalizaba con la atención pedida. Otras veces sólo contaba a forma de historia épica su día, esa gesta era pensada en cada momento que vivía, a veces se le aumentaban detalles que enriquecían la leyenda, modificando de a poco la verdad pero nunca mintiendo.

Miguel fue hijo único, creció en la soledad que la casa le brindaba, era raro según opiniones externas, era bastante normal según opiniones personales. La soledad que vivió lo preparó para no necesitar nada, se conformaba con lo que tenía, aceptaba lo que le era dado y si llegaba a pedir era únicamente para poder entablar una comunicación interestelar, interpersonal. El lenguaje tenía que ser respetado, era lo que lo formaba como persona, precisaba de él mas no lo utilizaba de la misma forma en que los demás, buscaba simplificarlo a tal punto de complicarlo para una mente razonable.

Todo ser que habla tiene una estructura definida en su lenguaje, Miguel también la tenía solamente que el entendimiento era reservado para él, un día se le ocurrió mostrárselo a su amigo más intimo, Pedro, pero su poco nivel de entendimiento hizo que soltara una risa que llegaba a ser carcajada a lo que Miguel respondió con una mirada fulminante, lo dejo convertido en cenizas ya que su gran tesoro se encontraba inmerso entre las palabras ya fueran escritas, habladas o pensadas.

Los únicos seres con los que podía entablar una comunicación con dicho lenguaje eran los que se encontraban en la parte superior, en la bóveda celeste; eran los únicos capaces de responderle, de cuestionarle amplia y concienzudamente, por tal motivo aquella noche solamente alcanzó a contar nueve estrellas, porque el día comenzaba a aparecer, era nueve horas las que llevaba fuera, nueve horas charlando y el astro rey comenzaba asomar sus cabellos dorados, el viaje se veía a lo lejos, era hora de despedirse y decir simplemente, hasta la noche.

28 mar 2009

Perdóname hermano. Se piadoso, perdóname la vida, sé que no he sido una persona de lo mejor pero trataré de cambiar, se necesita un momento como este para realizar modificaciones en tu vida y ahora, estoy pensando seriamente en cambiar hermano, pero no me mates por favor.

Acepto que cometí un error y que con él tú te has visto afectado sin embargo, nunca quise que te perjudicara todo lo que yo hacía, bien sabes que cada uno tiene sus negocios y que el otro nunca se debe ver involucrado en negocios ajenos, fue un error el que cometí hermano, todos cometemos errores no obstante, la mayoría son perdonados o al menos se pueden recomponer los actos hechos pero mírate, no me estás dando la oportunidad de nada, solamente quiero que reflexiones y me des otra oportunidad.

No puedo dejar de temblar, mi cuerpo está frio como si ya estuviera muerto, mira mi sudor hermano, ni siquiera cuando jugábamos futbol transpiraba de esta forma mas, percátate como me tienes ahora. Mis manos sacan litros de liquido salado, de mi frente escurre tanto sudor que bien se podrían formar una cascada, así me tienes hermano, y lo peor del caso es que no me tienes ni siquiera lastima, ten lastima de mi, soy un pobre animal enfermo, veme aunque sea de esta forma, con ojos de pena extraña o al menos ten compasión, veme, yo tu hermano a punto de morir por una estupidez.

Necesitas tranquilizarte hermano, tranquilo, todo lo que estas pensando es una mentira. Estas tan alterado que no puedes escucharme. Analiza todo y dime si es posible que yo haga eso, anda piénsalo bien, reflexiona y dime si es posible que yo te quiera hacer daño intencionalmente, si te hice daño fue un error como ya te lo había dicho pero, detente en este justo instante, quítame estas cuerdas me están lastimando demasiado, también sería prudente que guardaras el arma, basta hermano, si me querías ver sufriendo lo has logrado, basta.

Como dejas guiarte por palabras, éstas algunas veces pueden ser banales, sin un sentido claro, distorsionan la realidad, bien dice el dicho: las palabras se las lleva el viento, todo por ser tan frágiles, tan inestables empero, un sentimiento como el que te invade en este momento puede perdurar y todo gracias a malinterpretaciones, pareciera que no me conocieras, vivimos juntos tantos años, nos ayudamos mutuamente en todo momento. Acuérdate cuando jugábamos a las escondidillas, lo tanto que nos divertía buscar sitios en los cuales nos resguardábamos perfectamente o cuando nos platicábamos los problemas en la adolescencia, aquellos apuros existenciales, que por cierto los tuyos eran más interesantes y no lo digo para adularte, simplemente los menciono para que recapacites y veas que podemos arreglar las cosas los dos, como en los viejos tiempos.

Hermano, tranquilízate. Ya quita esa cara que me pones más nervioso. Suelta el arma, suéltala por el amor de Dios. Esto es increíble, es un sueño, no puedo creer que mi propio hermano esté a punto de matarme, que me vaya a matar y todo por un chisme, por un suceso que no ocurrió de esa forma, es toda una patraña, hermano es una patraña, una mentira está siendo clave en nuestra relación, la está destruyendo.

Vamos hacer algo hermano, toma tus pastillas, las necesitas, me dejas aquí amarrado toda la noche, no me quejaré y ya mañana con el primera rayo de luz arreglamos las cosas, ordenamos todo. Veras que tus medicinas te ayudaran, no es porque estés enfermo simplemente eres un individuo diferente por eso las necesitas. Tu mundo es mejor que el de cualquier otro pero, cuando no las tomas ese mundo queda en ruinas, además el mundo en el que vives me encanta por eso te saque de aquel lugar nefasto, donde te cortaban la libertad de soñar, pero mira ahora ese sueño se está volviendo una pesadilla también, aquel sitio me impedía estar contigo, yo quería estar contigo porque tengo confianza y fe en ti, no sólo en aquel momento, ahora mismo sigo teniendo fe y confianza. Tenme fe Caín, ten confianza en mí, tu hermano Abel y perdóname la vida.

27 mar 2009

A la edad de ocho años Manuel ha dejado la imaginación para ocuparse de asuntos más importantes. Por lo regular un niño de esa edad se dedica a jugar con sus amigos, se va al parque, se sale de la escuela para dirigirse directamente a casa y jugar con los soldaditos de plástico que les fueron regalados en navidad, no sé, un sinfín de actividades que al realizarse nos introducen cierta emoción, cierta fuerza propia de un infante sin embargo, Manuel no es así.

La madre de Manuel se alegra a diario al ver a su hijo cada vez más independiente, él ya no se preocupa por las verduras a la hora de comer o el hacer berrinchitos porque no se le compra un juguete de moda, para Teresa eso es un logro, un sueño, ya que siempre detestó aquellos mocosos que se esconden bajo la falda de su madre, ella deseaba tanto un niño independiente, que no necesitara de nadie para realizar una tarea y pareciera que lo había logrado con su Manuelito, uno de los niños más raros de la colonia.

Marco Y Mario son amigos de Manuel, van en la misma escuela, tienen los mismos gustos y lo mejor de todo es que son vecinos. Sus padres se conocen desde hace mucho tiempo, desde que llegaron de paracaidistas a la colonia, cuando las calles estaban cubiertas de tierra y las casas eran de cartón. Al paso del tiempo las tres madres quedaron embarazadas y dieron a luz casi al mismo tiempo, fue en el mes de Febrero, los días cuatro, cinco y seis, así que la amistad los marca desde antes de su nacimiento.

Los chicos pasan sus días entre charlas, videojuegos y chicles. Tienen los días de la semana repartidos para visitar la casa de cada uno; lunes, miércoles y viernes en el hogar de Marco; jueves y martes en casa de Mario y los fines de semana le toca a Manuel recibirlos. La hora señalada son las cuatro de la tarde ya que entre semana se tiene que regresar temprano al hogar para hacer la tarea, comer y descansar de todo el trabajo escolar, sí trabajo escolar, ya que no sólo son estudiantes sino que el negocio que dentro de la institución crearon los deja agotados.

Esa pequeña empresa se fundó gracias a la necesidad de comprar videojuegos, que en esta época son carísimos. Su negocio es el vender chicles, artículos prohibidos en la primaria Juan Escutia, ni siquiera la cooperativa puede distribuirlos así que estos pequeños se dedican a repartirlos clandestinamente. La idea se les ocurrió al ver un programa en televisión donde pasan la vida de los presos y las mil y un formas que se inventan para distribuir productos dentro de las instituciones penitenciarias. Por lo tanto los chicuelos crearon sus propios trucos para que todo funcionara a la perfección.

Primeramente tuvieron que crear un fondo a base de sus domingos, después se procedió a la compra de los chiles, la caja de veinte cuadritos les costó veinte pesos y con esa primera inversión iniciaron lo que ahora es un negocio prospero. Los chicles dentro de la institución cuestan dos pesos sin embargo, el costo era lo de menos, lo que más les divertía de aquella labor era el sistema creado para la venta.

Tienen estrictamente prohibido vender durante el recreo, todo tiene que hacerse durante las clases; por ejemplo si un compañero necesita un chicle, le hace una seña a Marco, Mario o Manuel, según sea el grupo, con un estiramiento de aquellos típicos en la escuela, provocados por el fastidio mas debe ir acompañado por el lápiz en la mano izquierda, así uno de los chicos, que por cierto ocupan los lugares traseros para poder ver quien necesita el producto, se levanta y le pide permiso al profesor para salir al baño, el chicle se encuentra en una bolsa cosida al pantalón por ellos mismos.

En vez de ir al baño se dirige al área de juegos, todo esto rápidamente porque si el conserje o algún profesor los llega ver el negocio quedaría en banca rota, y sobre el columpio de color verde se deja el chicle. El niño regresa rápidamente al salón, entra, mira al compañero – comprador, éste inmediatamente se levanta, pide permiso para ir al baño y recoge el producto. El pago de los dos pesos tiene que hacerse con una moneda de este valor, incrustada en un sacapuntas redondo, luego es pasado por los alumnos hasta llegar a las manos del pequeño empresario que después regresa el sacapuntas prestado.

Así que en la escuela primaria Juan Escutia siempre se ven niños saliendo al baño, cosa que no apura a los maestros por la cantidad de agua que toman a fuerza de sus padres. También esa ida y vuelta de los sacapuntas es algo común dentro de la institución pero nadie, absolutamente nadie se da cuenta de la empresa clandestina en manos de tres pequeños niños; ni siquiera sus padres se percatan de los hechos y creen que el dinero que tienen los pequeños es por ser ahorradores de sus domingos. Sólo les preocupa el ver cajas de chicles en la basura, de aquellos que ayudan para dejar el cigarro pero erróneamente lo atribuyen a sus esposos, fumadores de dos cajetillas al día
Disculpen por abandonar el blog durante mucho tiempo pero, estamos de vuelta y eso es lo que importa.



Bueno, he visto el blog de Claudel y me agradó eso de poner poemas, así que he decidido copiarle (disculpa, amiga) y poner algo sobre el hombre que me hizó amar más la literatura: Cortázar.



Me caigo y me levanto


Nadie puede dudar de que las cosas recaen. Un señor se enferma, y de golpe, un miércoles recae. Un lápiz en la mesa recae seguido. Las mujeres, cómo recaen. Teóricamente a nada o a nadie se le ocurriría recaer pero lo mismo esta sujeto, sobre todo porque recae sin conciencia, recae como si nunca antes. Un jazmín, para dar un ejemplo perfumado. A esa blancura, de donde le viene su penosa amistad con el amarillo? El mero permanecer ya es recaída: el jazmín, entonces. Y no hablemos de las palabras, esas recayentes deplorables, ni de los buñuelos fríos, que son la recaída clavada. Contra lo que pasa se impone pacientemente la rehabilitación. En lo mas recaído hay siempre algo que pugna por rehabilitarse, en el hongo pisoteado, en el reloj sin cuerda, en los poemas de Pérez, en Pérez. Todo recayente tiene ya en si a un rehabilitante pero el problema, para nosotros los que pensamos nuestra vida, es confuso y casi infinito. Un caracol segrega y una nube aspira; seguramente recaerán, pero una compensación ajena a ellos los rehabilita, los hace treparse poco a poco a lo mejor de si mismos antes de la recaída inevitable. Pero nosotros, tía, como haremos? Como nos daremos cuenta de que hemos recaído si por la mañana estamos tan bien, tan café con leche, y no podemos medir hasta donde hemos recaído en el sueño o en la ducha? Y si sospechamos lo recayente de nuestro estado, como nos rehabilitaremos? Hay quienes recaen al llegar a la cima de una montaña, al terminar su obra maestra, al afeitarse sin un solo tajito; no toda recaída va de arriba abajo, porque arriba y abajo no quieren decir gran cosa cuando ya no se sabe donde se está. Probablemente Icaro creía tocar el cielo cuando se hundió en el mar epónimo, y dios te libre de una zambullida tan mal preparada. Tía, como nos rehabilitaremos?


Hay quien ha sostenido que la rehabilitación sólo es posible alterándose, pero olvido que toda recaída es una desalteración, una vuelta al barro de la culpa. Somos lo más que somos porque nos alteramos, porque salimos del barro en busca de la felicidad y la conciencia y los pies limpios. Un recayente es entonces un desalterante, de donde se sigue que nadie se rehabilita sin alterarse. Pero pretender la rehabilitación alterándose es una triste redundancia: nuestra condición es la recaída y la desalteración, y a mi me parece que un recayente debería rehabilitarse de otra manera, que por lo demás ignoro. No solamente ignoro eso sino que jamas he sabido en que momento mi tía o yo recaemos. Como rehabilitarnos, entonces, si a lo mejor no hemos recaído todavía y la rehabilitación nos encuentra ya rehabilitados? Tía, no será esa la respuesta, ahora que lo pienso? Hagamos una cosa: usted se rehabilita y yo la observo. Varios días seguidos, digamos una rehabilitación continua, usted está todo el tiempo rehabilitándose y yo la observo. O al revés, si prefiere, pero a mi me gustaría que empezara usted, porque soy modesto y buen observador. De esa manera, si yo recaigo en los intervalos de mi rehabilitación, mientras que usted no le da tiempo a la recaída y se rehabilita como en un cine continuado, al cabo de poco nuestra diferencia será enorme, usted estará tan por encima que dará gusto. Entonces yo sabré que el sistema ha funcionado y empezaré a rehabilitarme furiosamente, pondré el despertador a las tres de la mañana, suspenderé mi vida conyugal y las demás recaídas que conozco para que sólo queden las que no conozco, y a lo mejor poco a poco un día estaremos otra vez juntos, tía, y será tan hermoso decir: Ahora nos vamos al centro y nos compramos un helado, el mío todo de frutilla y el de usted con chocolate y un bizcochito.

19 dic 2008

He tenido la oportunidad de gritar
He tenido la oportunidad de observar
He tenido un sinfín de oportunidades,
Más no me bastan tan insignificantes propuestas.

No necesito que la vida me preste momentos
Yo debería encargárselos a ella
Me debe más de lo que cree
Y todo el mundo piensa en agradecer.

Qué haría la vida si no estuviese
Qué sería ella sin mí
Un montón de blancos sin definir
Una nada, sólo nada
Porque si no los pienso o los veo o los pruebo…
Nadie, absolutamente nadie existiría.
 

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